Trastienda
La primera vez que entré a un vestuario de primera tenía quince años. "Nada mal para mi edad", pensé. No escuchaban cumbia, pero el ruido ambiental me parecía casi igual al del vestuario de las inferiores. Era domingo por la tarde, después de una noche de sábado húmeda y con algo de lluvia. Las zangas de Lanús estaban un poco crecidas, pero no exageradamente, como podía pasar si llovía mucho. Esto era una señal, pero lo mejor para saber qué tipo de botines convenía usar fue el reconocimiento previo del césped una hora antes del partido. Yo había llegado tempranísimo. Estaba un poco nervioso, claro, y esto quizás me jugó en contra para no pedirle al utilero botines con tapones "intercambiables". En todo caso, era una constante entre los jugadores usar los botines propios, por cábala y comodidad. En mi primera tarde en el fútbol grande no tenía la más mínima intención de quebrar una tradición cabalera que quien sabe cuántos años contaba en su haber.
Poco después que terminé de cambiarme, el técnico empezó la charla. En ese preciso momento yo estaba adentro de la utilería: quizás para apagar la ansiedad estomacal fui a buscar un poco del jugo horrendo que el médico autoriza a tomar antes del partido (nada más se puede tomar en ese momento, salvo agua mineral). Por supuesto salí de inmediato, pero sin llamar la atención de nadie. Me acomodé de pie bastante lejos del orador. La charla fue breve. El DT se limitó a recordar todo lo que meticulosamente se había planeado durante la semana. Me acuerdo, como anécdota, que el central, con pocos partidos en primera, debía sacarle la vinchita al "piojo" López, en el primer forcejeo de área previo a tiro de esquina en contra, para desconcentrarlo. Cuando el técnico me habló a mí, casi sin mirarme, la indicación fue la misma que para el resto de los alcanzapelotas: "'tamo de acuerdo, si vamo' ganando, a los 15 del segundo tiempo se van todos al tunel y se llevan las pelotas. Tenés reloj, no?".
Por suerte no fui destinado a ponerme atrás del arco, sino a uno de los laterales. Si me hubiera tocado estar atrás del arco visitante, hubiera tenido que putear a Roa, que tenía como dos metros y si te metía una mano por lo menos te lo ibas a acordar todo el mes. Yo no sé si hubiera tenido el valor; mi compañero lo hizo, pues parece que más que Roa le preocupaba jugarse el puesto en la novena.
Los botines no me ayudaron: en la primera pelota que tuve que correr para alcanzársela a la "urraca" González casi me caigo y en vez de acelerar la jugada para favorecer el ataque de mi equipo la demoré. No me voy a olvidar nunca de aquel hincha que me gritó: "dale pibe!! estás paspado?!?".
1 Comments:
River contra Cruzeiro, supercopa. Dos goles a levantar, cancha casi llena, precios populares. El Cruzeiro de Renato Gaucho, medias bajas, culo grande, espalda inmensa, vincha. El Chapa Zapata cumple su primer mision, antes de empezar el partido, le afana la vincha y se arma el "putiferio".
Empezo el partido mucho mas tarde, River lo empato con dos penales en los dos ultimos minutos, uno de rebote, pero lo perdio por definicion por penales. Renato Gaucho debe haber encontrado alguna vincha de repuesto, o se la habra pasado el Piojo Lopez.
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